sábado, 10 de diciembre de 2016

"FLASHBACK"


Por más que lo queramos negar la memoria siempre nos juega trampas borrando de destajo lo sublime, lo hermoso y recalcando las cosas horrendas que quisiéramos sepultar. 

Dicho esto hace unos días me encontré con una chica que literalmente hace tiempo no sabía de ella. Una mujer madura que para cuando nos vimos la primera vez seguro andaba ya bien entrada en los 30, me hablo una noche ya bien tarde por Facebook y nada más hice ver su foto y como lluvia en despoblado me asecharon los recuerdos de aquel tórrido encuentro en esa tarde fresca.

Era yo estudiante de licenciatura de contabilidad de segundo año, hacia ya unas semanas que me había inscrito en una nueva red social Tagged para ser exacto y de las primeras personas que contacto fue ella, una mujer morena ya madura pero bien conservada su oscura piel contrastaba con su larga caballera lacia color azabache, ese pelo abundante fue lo primero que note de ella sumado a su exótico mestizaje de india y morena.

El sol ya estaba cayendo en esa tarde mas todavía se posaba incandescente sobre mi frente, mientras buscaba con la mirada su vehículo y repiqueteando nervioso mi cátedra.

Pasados unos minutos al fin llego, una gota de sudor se escurría por mi frente al ver su jeep plateado con vino llegar me pare de forma resuelta, sonriente y nervioso fui a su encuentro al montarme en el vehículo no dejaba de reírme algo nervioso ella lo noto y me calmó poniendo sus manos suaves sobre las mías.

¡Tranquilo! Me dijo sin dejar de sonreír y sosteniendo mi mentón me dijo que mi rostro era hermoso, la candidez en el tono de su voz encendieron algo en mi que nunca había sentido rodando por la Máximo Gómez hacia lo incierto.

En el trayecto hacia su apartamento me pregunto sobre mí, mi carrera, sus ojos declaraban de forma clara su atracción yo que nunca fui muy popular con las damas me sentía más que halagado.

Al llegar a su apartamento en la zona colonial bastante cerca del mar, acariciando mi nuca me dijo:
-        - Llegamos papi

En ese mismo instante recuerdo que una corriente me recorrió entero al desmontarme del jeep me sentía ligero, feliz mientras la brisa marina con su salitre me embriagaba.
Sosteniendo mi mano me condujo por una larga escalinata como un flashback cierro mis ojos y recuerdo como mi respiración se entrecortaba al subir cada escalón… intercambiando miradas y caricias en los brazos en el pelo. En su mirada había una mezcla de ternura y pasión que me hechizaron.

Yo verdecito entre con desenfado en ese juego de seducción… ya en la antesala de su puerta acaricie de abajo hacia arriba su tez morena mientras sus labios besaban las palmas de mis manos.

Al sentir sus labios  en el dorso de mis manos con ímpetu la hale y el beso pasó de tierno y suave a tórrido nada mas hicimos abrir la puerta y ya su chaqueta estaba en el piso, mis ojos se clavaron en su escote y jadeantes ambos nos dejábamos de besar inhale con placer su perfume Chanel No. 5.

No tuvimos reparo en desnudarnos, nuestras prendas de vestir formaron un camino hacia su alcoba se abrió la puerta y en ese momento más que nunca me sentí en control apretando su cuerpo junto al mío y sintiendo  como mi sangre se calentaba hasta hervir.

Ya desnudos algo en su mirada cambió por primera vez vi en sus ojos algo de fragilidad suavemente esquivaba mi mirada intensa acariciando mi pecho, mi cuello, mis orejas.

De pronto la hale hacia mí y nuestros cuerpos danzaron hacia la cama, brillantes de sudor sin prisa le acaricie cada centímetro de su hermosa piel a lo que sus dedos se aferraban al cubre colchón buscando sostén en ese terremoto que se desencadenaba en ella de adentro hacia afuera.

Como una piedra me sumergí en ese lago con movimientos rítmicos ambos entregados al placer empezamos yo sobre ella y próximo al clímax ella quiso tomar el control y se puso sobre mi, sus gemidos sordos llenaban la habitación al mismo tiempo que sus manos hacían surcos sobre mi pecho velludo o apretaban con fuerza mis manos apoyadas en la cama.

Con los cuerpos brillantes de sudor en esa deliciosa danza frenética se puso todo más intenso… al alcanzar la cúspide me moví hacia arriba como queriendo arañar el techo cuando había hallado el cielo en los brazos de aquella mujer.

En ese mismo instante me puse sobre ella bañado en sudor, la bese igual o con más ganas y como quien se lanza a hacer una proeza con bríos no me di por conforme con solo una vez.

Ahora ella estaba más ligera fui yo que tome las riendas con fuerza y un ímpetu casi mayor al inicial la llenaba de caricias y ella me tocaba la espalda despacio sin dejar de parpadear.

De pronto sus brazos y piernas se movían hacia los lados como si no pudiera contener estando tranquila tanto placer, gimiendo empezó a palmearme la espalda, arañándome suavemente; con fuerza envolvió sus piernas en mi cintura aferrándose con ganas… poco después con un ronco bramido mío todo terminó, las gotas de sudor se escurrían por mi frente. Me sentí desfallecer sobre su hermosa piel canela que exudaba satisfacción, aroma de placer sexual.

Me sentía elevado en una constelación lejana,  ligero como una hoja llevada por el viento sin nada de voluntad en lo próximo me vi recostado sobre su hombro y ella acariciando mi rostro y mi pelo como quien arrulla a un niño tampoco dejaba de besarme la frente,caímos  rendido en los brazos de Morfeo…

Al despertar estaba ya bien entrada la noche un manto de estrella adornaban la vista desde su balcón, una inmensa luna blanca se posaba sobre nuestros cuerpos desnudos mientras contemplábamos el firmamento…

Ahora que la reencontré el solo ver su rostro trae a mi mente flashbacks, como proyecciones de una película antigua, de aquel intenso episodio que como lluvia de gran torrente inunda mis habitaciones en el presente hasta desbordar.

Ahora solo me queda la disyuntiva de conformarme tan solo con el recuerdo o volver a revivirlo…

Francisco A. Núñez                        

          

viernes, 4 de octubre de 2013

La Ventana

Como cada día Juan López se levanta a su rutina diaria  se levanta un poco abstraído entre sueños se levanta a contemplar el amanecer desde su ventana donde puede divisar el mar desde su humilde hogar en Los Mameyes con su vista fija en el hermoso sol anaranjado que surge lentamente sobre el mar como si le diera brega  y este como todos los días este espectáculo le deja maravillado es como su ejercicio espiritual, el que poco sabe de religión y que no asiste a ninguna iglesia creer tener su comunión con Dios al presenciar esta maravilla cada día religiosamente a las 5:30 de la mañana se levanta desnudo  a presenciar estos instantes  en que olvida todo y simplemente se desconecta, perdido en ese cielo, en ese mar, en la costa de la ciudad de Santo Domingo y su embriagador salitre.

Todos le han dicho que porque ha decido permanecer en esa casita de madera tan rustica para la ciudad y el dice que ¨Como era de mis abuelos, me imagino que ellos querrán que la conserve¨ pero su apego a la casa es algo muy profundo desde pequeño vivió allá sus abuelos lo criaron lo mejor que pudieron con lo poco que tenían su madre la pobre murió dando a luz  para el Ester López es una jovencita que el vio desde pequeño en fotos que sus abuelos decían era muy retraída y de pocos amigos razón por la cual les sorprendió que ella apenas con 16 años se embarazo de un compañero de clases que luego de una fiesta tuvieron amores y raíz de eso su preñez  .

Al suceder esto  ella se encerró cada vez mas y se pasaba horas solo mirando por la ventana sus padres no sabían que hacer con ella la llevaban al medico y este le decía que quizás es una leve depresión por el embarazo que pronto se le pasaría la llevaron al psicólogo haciendo un gran esfuerzo por lo pobres que eran mas se les hacia más  duro verla todos los días ensimismada mirando el cielo por aquella ventana con los ojos llenos de lagrimas inerte sin dar  razones lógicas que expliquen su estado que ni siquiera el psicólogo logró de verdad ayudarla pues era tal su hermetismo y dado su estado no podía remitirla a un psiquiatra pues no iban a poder medicarla.

Con el paso del tiempo ya casi terminado su gestación  ni siquiera hablaba no había forma de descifrar su estado de  animo o que pensaba simplemente hacia lo que tenia que hacer y volvía de nuevo a mirar por la ventana de su habitación que es la que hoy ocupa su hijo que ya es un hombre.

Al momento del parto los médicos hicieron todo lo que pudieron  para que el parto marchara normal mas la muchacha murió dejando a sus padres devastados teniendo que sacar de adentro para criar a este lindo morenito de ojos claros.

Sus abuelos llenaron la infancia de Juan de mimos y mucho amor con el tiempo llegaron a ser muy felices aplacando mucho el prematuro deceso de Ester y siempre procuraron hablarles de su madre a Juan.

El a pesar de no haberla conocido en persona ni recordarla, siente que ella esta con el cada momento que se pone a ver el amanecer desde su ventana siente como la brisa marina le susurra, acariciando su piel que a pesar de estar totalmente solo lo hace sentir una fuerte presencia que el pecho se le oprime dejando salir a veces un llanto retenido dentro de si que es como una comunicación extrasensorial    que tiene donde puede sacar todo de dentro y liberarse mientras a veces extiende los brazos  como queriendo alcanzar lo sutil aquello que se pierde en nuestra existencia.

Jueves 03 de Octubre 5:45 am se despierta Juan como cada mañana camina tres pasos de su cama a la ventana poniendo sus brazo sobre el dintel  de la ventana comienza su trance al surgir el sol tímido sobre el mar cual bola incandescente irradiando esos suaves rayos que apenas iluminan en esta oportunidad Juan cierra los ojos fijando sus sentidos en el viento que mueve su pelo rizado y justo en el momento que el sol se encuentra frente a el extiende los brazos como si fuera a darle a alguien un abrazo y con todas sus fuerzas grita: Te quiero!!!

lunes, 20 de diciembre de 2010

"La batea"

El sol se asoma tímido en el horizonte cuando se encuentra Hilda en el rio con su batea haciendo el lavado de su ropa, a esas horas solo se escuchan los grillos estruja contra la piedra la última blusita de su niña Lucinda, en momentos fija la vista en el espeso verdor de los bosques aledaños al río, apresurada coloca la ropa exprimida en la batea y procede a caminar a su casa.
Cuidadosa procura no resbalar en el fango todavía húmedo por las torrenciales lluvias de la noche anterior, a lo lejos escucha unos pasos pero no se afana y sigue su camino sin preocupaciones, pasa por unos matorrales los cuales tiene que despejar con los brazos dejando a un lado la batea con la ropa.
Al salir del arbusto siente sigilos a su alrededor, el pánico se apodera de ella y la hacen permanecer inmóvil con la batea agarrada, temblorosa se esconde tras una peña tratando de recuperar la respiración, de superar el susto que la mantiene inmóvil por un buen rato.
Minutos después se levanta caminando por el sendero todavía temerosa, de repente siente a alguien muy cerca de ella se queda estupefacta el miedo no la deja hacer nada, de repente siente unos brazos toscos que la halan con fuerza, el hombre la carga y le pone una mano en la boca diciéndole: “Quietecita mami, que te vua a pone a goza” de momentos Hilda podía zafarse y gritaba con todas sus fuerzas: “Auxilio por favor, suértame animal” y lo golpeaba sin lograr nada pues el tipo era un negro alto y fornido.
Caminan rio arriba por el “Maomita” a ratos Hilda lo golpea con fuerza logrando lastimarlo un poco y el enfurecido le gritaba: “Amánsate, mujer der diablo , que lo que tu te cree vagabunda, e con un hombre que tu brega no ha nació mujer que me ponga un deo arriba mardita sucia” y la sumergió en el agua helada y la dejo por unos segundos intentando ahogarla y ella diciendo: “Hermano ombe déjeme ir , no me mate por favor, tengo una niña, por favor tenga piedad, por favor”
El hombre le dijo:”Tate mansa, deja que me divierta contigo y no me haga na, ahora e que tu va’ sabe lo que un hombre coño”, la tira bruscamente a la arena por unos instantes ella perdió el conocimiento, le rompe sin miramientos el vestido harapiento, se baja los pantalones y procede a tomarla salvajemente, haciendo bramidos como si fuera un caballo y a ratos decía: “Coge ahí mardita, verda que e bueno”, Hilda solamente lloraba del dolor, sintiendo nauseas del hedor que tiene el salvaje.
Cuando termino el energúmeno agarra a Hilda por el pescuezo gritándole: “Mira perra e mierda, ay de ti coño si tu le dice algo de esto a alguien que te buco y te mato basura!”
Ella sin poder hablar casi le dice: “Si esta bien lo que ute diga a nadie se lo vua decir, déjeme viva por favor mi niña me necesita”. Después de unos segundo mas ahorcándola la suelta, Hilda se siente desfallecer sin fuerza para levantarse en su mente resonando como un tambor las advertencias de Doña Tata que siempre le dijo: “Hirda mija no vaya tan temprano al rio a lavar que lo lomero rondan por ahí y eso son uno mardito cuidate no vaya sola” advertencias que siempre les hacia caso omiso diciendo para si misma “Por Dios aquí que me puede pasar?”
Dura una hora para reincorporarse y poder caminar, ha recorrido unos escasos metros cuando el hombre vuelve y la intercepta golpeándola salvajemente con una piedra, luego arrastra su cuerpo como harapo y se adentra con el al bosque…
Ese mismo día en la tarde una muchacha del pueblo que le dicen Penega encuentra la batea de Hilda diciendo: “Ay ombe mira la batea de Hirda, ¿que le habrá pasao a esa infeliz? no la he vito hoy”. Le responde Mencita: “ay mija el eposo de ella ta vuerto loco bucandola, el dice que ella salió a lavar tempranito y no regreso.
“Ay ombe, ojala no le haya pasao na, deja llévale la batea a su casa, espero la encuentren pronto”. Dijo Penega.
Al llegar a la humilde casa de Hirda Penega no pudo contener las lagrimas al ver a la niña llorando solita solo con sus pantis, y la niña al ver la batea de su madre le dijo: “ Pasame, la batea eso e de mamá, pásamela”.
Ella se la pasó y se quedo con la niña un rato la baña, la viste y se queda con ella hasta que llega Quiquito el esposo de Hilda con los ojos llorosos diciéndole bajito a Penega: “La han buscao por toda parte y no aparece, mi pobre mujer tan buena…que habrá hacio de ella…que vua hace ahora yo solo con eta niña…ahora que vua a hace Dio mio.”Penega lo abrazó y el hombre se desahogó con ella abrazándola.
Pasaron los días y sin ningún rastro de Hilda Pérez, la humilde hermosa mulata esposa de Enrique Tejeda, no se halló de ella rastro, su pobre hija fue la más afectada permanecía inmóvil con la mirada perdida y los ojos llorosos aferrada a la batea de su madre diciendo: “Mamá va’ vorve ella nunca me deja solita, ella va’ vorve…”